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Mauritania

¿Qué queremos o debemos saber de este país? Bien, es otro de los países aparentemente remotos en nuestra lista de geografía mental. Remoto porque está en África, porque es una república islámica y es casi un 70% desértico. ¿Por qué Mauritania?, la respuesta sería ¿por qué no?

Mapa de Africa Vía Ducksters.com

Mapa de Africa, Mauritania en color rosa al Noroeste.
Vía Ducksters.com por Pipa Durnick

Mauritania es un país de la región del Magreb, y significa  “tierra de moros”en latín. Está situada al noroeste de África. En el norte limita con Marruecos, al este con Argelia y Malí y al sur con Senegal. El país es  70% desierto y este porcentaje va en aumento debido a las sequías en curso, con la excepción del fértil Valle del Río Senegal al sur y las regiones de pastoreo en el norte. La ciudad capital y más grande de Mauritania es Nouakchott, situada en la costa atlántica; Mauritania es el puente entre el Magreb árabe y África occidental subsahariana.

 

Mapa con la geografía de Africa, con él pueden darse una idea de la ubicación del Desierto del Sahara y por qué Mauritania es 70% desierto. Vía Cartographik.com

Mapa con la geografía de Africa, con él pueden darse una idea de la ubicación del Desierto del Sahara y por qué Mauritania es 70% desierto. Vía Cartographik.com

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1987

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El 28 de mayo 1987, dos años antes de la caída del Muro de Berlín, el alemán Mathias Rust voló en su avioneta desde Uetersen, Alemania, a Islandia, atravesó Noruega y Finlandia para finalmente aterrizar, de manera ilegal, en la plaza Vasilevski Spusk  junto a la legendaria Plaza Roja, en Moscú, la antigua capital de la URSS. Tenía 19 años.

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La Plaza Roja en Moscú, #Rusia. Fue bautizada como la “Plaza Roja” mucho tiempo atrás de que los comunistas tomaran el control durante la Revolución Rusa de 1917a 1919.

28.05.1987 Mathias Rust landet på Den røde plass med sitt Cessna 172

28.05.1987 Mathias Rust landet på Den røde plass med sitt Cessna 172

Mathias Rust después de aterrizar junto al Kremlin

Mathias Rust después de aterrizar junto al Kremlin

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El joven Rust logró entrar al espacio aéreo soviético, eran tiempos de Mijaíl Gorbachov. A pesar de haber sido detectado, nunca se dio la orden para derribar a tan amigable e inocente avioneta.

Tiempo después, Rust declaró que si aterrizaje fue un intento por crear un “puente imaginario” hacía el Este. Después de su hazaña, Gorbachov destituyó a muchos militares soviéticos, entre ellos al ministro de defensa, Sergei Sokolov.

Juicio de Mathias en diciembre de 1987.

Juicio de Mathias en diciembre de 1987.

Aunque la URSS se encontraba en un importante proceso de reformas (perestroika y glasnot), Mathias fue condenado a 4 años de trabajo forzado por haber quebrantado a más de una ley… Además de haber puesto en tela de juicio a la milicia soviética.

We Used To Wait

*

I used to write
I used to write letters
I used to sign my name
I used to sleep at night
Before the flashing lights settled deep in my brain
But by the time we met
By the time we met
The times had already changed

So I never wrote a letter
I never took my true heart
I never wrote it down
So when the lights cut out
I was lost standing in the wilderness downtown

Now our lives are changing fast
Hope that something pure can last

It seems strange
How we used to wait for letters to arrive
But what’s stranger still
Is how something so small can keep you alive
We used to wait
We used to waste hours just walkin’ around
We used to wait
All those wasted lives in the wilderness downtown

We used to wait
Sometimes it never came (we used to wait)
Still moving through the pain

I’m gonna write a letter to my true love
I’m gonna sign my name
Like a patient on a table
I wanna walk again
Gonna move through the pain

*

Me gusta mucho la letra de esta canción. Es verdad, cómo solían esperar las personas a que llegaran las cartas, también para enviarlas… Su significado, algo tan pequeño, tan aparentemente sin valor, podía salvarte la vida, significar esperanza. Antes, la gente sólo podía expresarse así, para que fuera de manera personal y privada; escribir una carta. Aunque creo que había una tendencia mucho mayor a escribir cartas de amor, qué revuelo causaba el que se leyeran las cartas de alguien más.

Y es que todos sabemos que la tecnología lo ha cambiado todo, sobre todo nuestra manera de comunicarnos, no sólo el medio sino también el contenido; lo que decimos, el cómo y el por qué… “By the time we met, the times had already changed, so I never wrote a letter, I never took my true heart, I never wrote it down“. Es cierto, el ejercicio de escribir una carta dejó de ser relevante, se ha visto reducido a teclas y un espacio intangible, que podemos ver más no tocar, impersonal, distante… Pero no por ello menos importante. Pues ahora es mucho más rápido. Creo que quisiera escribir de ello como algo transversal, sobre la inmediatez.

El hecho de escribir, enviar y recibir cartas era una cosa importante, la que quiero abordar aquí es, precisamente, la de la espera, el hecho en sí mismo de que “solíamos esperar”, un inherente ejercicio de voluntad. Todo el ritual de una carta tenía un elemento muy importante: que el tiempo se hacía relativo a través de la espera. Aquí podemos recordar aquella importante premisa que descubrió Albert Einstein sobre el tiempo y los espacios relativos, el hecho de que el tiempo transcurre de manera diferente para observadores distintos. De hecho, en el prólogo de la Teoría de la Relatividad, Einstein exige no poca paciencia y voluntad por parte del lector. Algo así es lo que supone el hecho de esperar. El tiempo, por supuesto, sigue siendo relativo, lo que cambió, debido a la tecnología y al avance del tiempo, es la espera.

Ahora enviamos y recibimos correos con una rapidez récord, y por supuesto, esperamos que el resto de las cosas transcurran así, con una rapidez récord; hemos dejamos de esperar, hemos dejado de aprender a esperar, me atrevo a decir que muchos de nosotros no sabemos esperar…

Fronteras

Hace algunos días publiqué una pequeña frase de Kapuściński, en la que hace una reflexión sobre las situaciones límite, inspirado en las fronteras. El 13 de julio de 2015, las autoridades de Hungría comenzaron a construir un muro en su frontera al sur, con Serbia, con el propósito de evitar nuevas olas de migración provenientes de Siria, Libia, Afganistán, Pakistán, y otros países de África. Hay personas en Hungría que creen que una migración masiva de personas árabes pone en riesgo sus valores cristianos,  o quienes creen que es una crisis de migración que no les concierne. Miles de personas que migran día con día hacía los países de la Unión Europea huyen de situaciones de conflictos, guerras civiles e incluso de roces que siguen vigente por cuestiones vinculados a fronteras y territorios.

Estas creencias, sumadas a la violencia, el conflicto, el racismo, el rechazo, el desconocimiento, la indiferencia y miles de kilómetros que separan el Norte de África y el Medio Oriente de Europa a través del Mar Mediterráneo, ponen diariamente en riesgo el vida de miles de civiles; refugiados y desplazados.

¿Cuál es nuestra frontera? No la obvia, la que marca algo evidentemente colindante, sino la de uno mismo, ¿dónde empiezo yo y terminan los demás?, ¿qué tan importante es esa frontera?

Zabaikalsk Railway Station Fuente: www.northasianborders.net

Zabaikalsk Railway Station
Fuente: http://www.northasianborders.net

Al respecto, comparto un poco más del texto del “Transiberiano, 58”, cuando Kapuściński tuvo un segundo acercamiento con el “Imperio” (la actual Rusia, y el último imperio del mundo como lo conocemos ahora) y se encontraba a bordo de el tren del ferrocarril transiberiano que sale de Pekín y cubre la ruta a Moscú en nueve días. Este texto toma contexto en Zabaikalsk, la estación fronteriza de la antigua URSS con China.

“Cada vez que nos aproximamos a una frontera, a un límite, nuestra tensión aumenta y afloran las emociones. Las personas no están hechas para vivir en situaciones límite, las evitan o al menos intentan librarse de ellas lo más rápidamente posible. Y, sin embargo, uno se las encuentra en todas partes, en todas partes las ve uno y las siente. Tomemos, sin ir más lejos,un atlas del mundo: meros límites. De los océanos y de los continentes. De los desiertos y de los bosques. De las lluvias, de los monzones, de los tifones, de las tierras cultivables y de las baldías, heladas y ácidas, de la pizarra (roca metamórfica) y de la pudinga (roca sedimentaria). Añadámosle los límites de la presencia de fósiles cuaternarios y erupciones volcánicas, de basalto, creta y traquita. También podemos ver los límites de la plataforma patagónica y del Canadá, las zonas de los climas tropical y ártico, las fronteras de la superficie de erosión de la cuenca del Adyga (el río Adigio, en Italia) y del lago Chad. Limitados hábitats de los diferentes mamíferos. Diferentes insectos. Diferentes batracios y reptiles, entre ellos la muy peligrosa cobra negra y la terrible, aunque por suerte perezosa, anaconda. ¿Y los límites de las monarquías y de las repúblicas? ¿Reinos remotos y civilizaciones perdidas? ¿Pactos, tratados y alianzas? ¿Tribus negras y amarillas? ¿Desplazamientos de los pueblos? El límite al que habían llegado los mongoles y hasta donde los jázaros y hasta donde los hunos.

¡Cuántas víctimas, cuánta sangre y cuánto dolor ha causado la cuestión de las fronteras! No tienen fin los cementerios donde yacen aquellos que murieron en el mundo defendiéndolas. Igual de infinitos son los cementerios de los osados que intentaron ampliar las suyas. Podríamos dar por sentado que la mitad de los que pasaron por nuestro planeta y murieron en el campo del honor exhalaron el último suspiro en batallas por una frontera.

Esta sensibilidad por la cuestión de las fronteras, ese afán incansable de marcarlas, de ampliarlas o de defenderlas todo el tiempo, no solo es propio del hombre, sino también de toda la naturaleza viva, de todo lo que se mueve en la tierra, en el agua y en el aire. Algunos mamíferos, en defensa de sus pastos, dejarán que el invasor los despedace antes de abandonarlos. Muchos depredadores, para conquistar nuevos terrenos de caza, clavarán los dientes en las gargantas de sus rivales hasta matarlos. Incluso nuestro silencioso y dócil gatito, cómo se esfuerza, cómo se arquea y se eriza para sacar del cuerpo unas cuantas gotas –unas por aquí, otras por allá– con las que marcar los límites de su territorio.

¿Y nuestros cerebros? No dejan de tener codificada una cantidad infinita de fronteras de todas clases. Entre el hemisferio izquierdo y el derecho, entre el lóbulo frontal y el lateral, entre la epífisis y la hipófisis. ¿Y los límites entre las circunvoluciones, los ventrículos y las fisuras? Fijémonos en cómo discurre nuestro razonar. Por ejemplo, cuando pensamos: Hasta aquí podemos, pero más allá, no. O cuando decimos: ¡Cuidado hasta dónde llegas! ¡No vaya a ser que traspases la frontera! Por añadidura, todos esos límites del pensar, del sentir, todos esos órdenes y prohibiciones, no paran de moverse, de cruzarse, de penetrarse mutuamente y de apilarse las unas sobre las otras. Nuestros cerebros albergan un constante movimiento fronterizo, confinante, limítrofe. De ahí los dolores de cabeza y las migrañas, de ahí tanta confusión. Sin embargo, a veces también se producen perlas: visiones, iluminaciones, destellos de grandes ideas y hasta de genio, aunque, por desgracia, con mucha menor frecuencia.

La frontera no es sino el estrés, incluso el miedo (mucho menos a menudo, la liberación). La noción del límite puede entrañar la de algo definitivo, la puerta puede cerrarse detrás de nosotros para siempre: ésta es la frontera entre la vida y la muerte. Los dioses conocen estas inquietudes, y por eso intentan ganarse partidarios entre los hombres, para lo cual les prometen que, como premio, podrán entrar en el reino de los cielos, que será, precisamente, infinito. El paraíso del dios de los cristianos, el de Yavhé y de Alá no tienen fronteras. Los budistas saben que el nirvana es el estado de plácida felicidad sin límite. En una palabra, lo más deseado, esperado y anhelado por todo el mundo no es sino esa incondicionalidad, total y absoluta infinitud.”

Ryszard Kapuściński
El Imperio
PP. 30-32
Ed. Anagrama. España.

El Transiberiano, 58

Las personas no están hechas para vivir en situaciones límite, las evitan o al menos intentan librarse de ellas lo más rápidamente posible. Y, sin embargo, uno se las encuentra en todas partes, en todas partes las ve uno y las siente.

Ryszard Kapuściński
El Imperio
PP. 30
Ed. Anagrama

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Les Reines Prochaines /// Wicked Games

Die nächstfolgenden Königinnen o en español, las siguientes reinas.
Esta es una increíble banda suiza conformada por puras mujeres y precisamente son las cuatro lindas y talentosas chicas allá arriba, no se dejen llevar por la fotografía, el talento está en las personas que menos podríamos imaginarnos. Esta es una versión de Wicked Games de Chris Isaak con un final buenísimo, increíble, notable, único… Escúchenlo.

Depeche Mode /// Enjoy The Silence (Devotional 1993)

Esta versión viene en el Tour Devotional de 1993 filmado por Anton Corbijn y es precisamente lo que lo hace una versión increíble. Es uno de los mejores conciertos de Depeche Mode, la escenografía, iluminación y espacio del escenario parecía una verdadera innovación para ser los ‘early 90’s’,  Dave Gahan tiene el cabello largo, la versión empieza distinto, además Martin Gore es fantástico en la guitarra y el solo de esta versión en vivo no es la excepción.

Enjoy Devotional.