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Vía Bloo

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Fronteras

Hace algunos días publiqué una pequeña frase de Kapuściński, en la que hace una reflexión sobre las situaciones límite, inspirado en las fronteras. El 13 de julio de 2015, las autoridades de Hungría comenzaron a construir un muro en su frontera al sur, con Serbia, con el propósito de evitar nuevas olas de migración provenientes de Siria, Libia, Afganistán, Pakistán, y otros países de África. Hay personas en Hungría que creen que una migración masiva de personas árabes pone en riesgo sus valores cristianos,  o quienes creen que es una crisis de migración que no les concierne. Miles de personas que migran día con día hacía los países de la Unión Europea huyen de situaciones de conflictos, guerras civiles e incluso de roces que siguen vigente por cuestiones vinculados a fronteras y territorios.

Estas creencias, sumadas a la violencia, el conflicto, el racismo, el rechazo, el desconocimiento, la indiferencia y miles de kilómetros que separan el Norte de África y el Medio Oriente de Europa a través del Mar Mediterráneo, ponen diariamente en riesgo el vida de miles de civiles; refugiados y desplazados.

¿Cuál es nuestra frontera? No la obvia, la que marca algo evidentemente colindante, sino la de uno mismo, ¿dónde empiezo yo y terminan los demás?, ¿qué tan importante es esa frontera?

Zabaikalsk Railway Station Fuente: www.northasianborders.net

Zabaikalsk Railway Station
Fuente: http://www.northasianborders.net

Al respecto, comparto un poco más del texto del “Transiberiano, 58”, cuando Kapuściński tuvo un segundo acercamiento con el “Imperio” (la actual Rusia, y el último imperio del mundo como lo conocemos ahora) y se encontraba a bordo de el tren del ferrocarril transiberiano que sale de Pekín y cubre la ruta a Moscú en nueve días. Este texto toma contexto en Zabaikalsk, la estación fronteriza de la antigua URSS con China.

“Cada vez que nos aproximamos a una frontera, a un límite, nuestra tensión aumenta y afloran las emociones. Las personas no están hechas para vivir en situaciones límite, las evitan o al menos intentan librarse de ellas lo más rápidamente posible. Y, sin embargo, uno se las encuentra en todas partes, en todas partes las ve uno y las siente. Tomemos, sin ir más lejos,un atlas del mundo: meros límites. De los océanos y de los continentes. De los desiertos y de los bosques. De las lluvias, de los monzones, de los tifones, de las tierras cultivables y de las baldías, heladas y ácidas, de la pizarra (roca metamórfica) y de la pudinga (roca sedimentaria). Añadámosle los límites de la presencia de fósiles cuaternarios y erupciones volcánicas, de basalto, creta y traquita. También podemos ver los límites de la plataforma patagónica y del Canadá, las zonas de los climas tropical y ártico, las fronteras de la superficie de erosión de la cuenca del Adyga (el río Adigio, en Italia) y del lago Chad. Limitados hábitats de los diferentes mamíferos. Diferentes insectos. Diferentes batracios y reptiles, entre ellos la muy peligrosa cobra negra y la terrible, aunque por suerte perezosa, anaconda. ¿Y los límites de las monarquías y de las repúblicas? ¿Reinos remotos y civilizaciones perdidas? ¿Pactos, tratados y alianzas? ¿Tribus negras y amarillas? ¿Desplazamientos de los pueblos? El límite al que habían llegado los mongoles y hasta donde los jázaros y hasta donde los hunos.

¡Cuántas víctimas, cuánta sangre y cuánto dolor ha causado la cuestión de las fronteras! No tienen fin los cementerios donde yacen aquellos que murieron en el mundo defendiéndolas. Igual de infinitos son los cementerios de los osados que intentaron ampliar las suyas. Podríamos dar por sentado que la mitad de los que pasaron por nuestro planeta y murieron en el campo del honor exhalaron el último suspiro en batallas por una frontera.

Esta sensibilidad por la cuestión de las fronteras, ese afán incansable de marcarlas, de ampliarlas o de defenderlas todo el tiempo, no solo es propio del hombre, sino también de toda la naturaleza viva, de todo lo que se mueve en la tierra, en el agua y en el aire. Algunos mamíferos, en defensa de sus pastos, dejarán que el invasor los despedace antes de abandonarlos. Muchos depredadores, para conquistar nuevos terrenos de caza, clavarán los dientes en las gargantas de sus rivales hasta matarlos. Incluso nuestro silencioso y dócil gatito, cómo se esfuerza, cómo se arquea y se eriza para sacar del cuerpo unas cuantas gotas –unas por aquí, otras por allá– con las que marcar los límites de su territorio.

¿Y nuestros cerebros? No dejan de tener codificada una cantidad infinita de fronteras de todas clases. Entre el hemisferio izquierdo y el derecho, entre el lóbulo frontal y el lateral, entre la epífisis y la hipófisis. ¿Y los límites entre las circunvoluciones, los ventrículos y las fisuras? Fijémonos en cómo discurre nuestro razonar. Por ejemplo, cuando pensamos: Hasta aquí podemos, pero más allá, no. O cuando decimos: ¡Cuidado hasta dónde llegas! ¡No vaya a ser que traspases la frontera! Por añadidura, todos esos límites del pensar, del sentir, todos esos órdenes y prohibiciones, no paran de moverse, de cruzarse, de penetrarse mutuamente y de apilarse las unas sobre las otras. Nuestros cerebros albergan un constante movimiento fronterizo, confinante, limítrofe. De ahí los dolores de cabeza y las migrañas, de ahí tanta confusión. Sin embargo, a veces también se producen perlas: visiones, iluminaciones, destellos de grandes ideas y hasta de genio, aunque, por desgracia, con mucha menor frecuencia.

La frontera no es sino el estrés, incluso el miedo (mucho menos a menudo, la liberación). La noción del límite puede entrañar la de algo definitivo, la puerta puede cerrarse detrás de nosotros para siempre: ésta es la frontera entre la vida y la muerte. Los dioses conocen estas inquietudes, y por eso intentan ganarse partidarios entre los hombres, para lo cual les prometen que, como premio, podrán entrar en el reino de los cielos, que será, precisamente, infinito. El paraíso del dios de los cristianos, el de Yavhé y de Alá no tienen fronteras. Los budistas saben que el nirvana es el estado de plácida felicidad sin límite. En una palabra, lo más deseado, esperado y anhelado por todo el mundo no es sino esa incondicionalidad, total y absoluta infinitud.”

Ryszard Kapuściński
El Imperio
PP. 30-32
Ed. Anagrama. España.

La historia de la tipografía

Debo admitir que cuando realizo algún trabajo que implique escoger una fuente para presentarlo, llevo a cabo la selección con bastante escrutinio; la fuente elegida refleja mucho de quien la presenta. También suelo prestar atención a las fuentes que usan las marcas en sus anuncios, las que eligen para las portadas de los libros y también para su contenido, las que usan los canales de televisión para anunciar sus programas: tengo un fetiche con las tipografías. Siempre he agradecido una fuente que sea sobria y lúcida y a la vez, por dos razones. La primera, porque siempre es estéticamente placentero una fuente que no esté sobrecargada, y segundo, pueden llevar  un mensaje implícito cuando las escogen de manera acertada; me gusta leer entre lineas, o creer que alguien te ha dejado una invitación a hacerlo.

Aquí va un breve video hecho por Ben Barret-Forest acerca de como fueron inventadas y evolucionando las tipografías que empleamos hoy en día en nuestras computadoras. Tenemos que tener en cuenta que la invención de los alfabetos y la imprenta revolucionó por completo el mundo, fue un parte aguas en la manera en que las personas recibimos y enviamos información; gracias a ella ha sido posible esbozar las páginas de la historia humana y transmitirla de generación en generación.

Recomiendo también el libro de Simon Garfield, “Es mi tipo”, para profundizar en información acerca de la historia de la tipografía, sobre todo cómo ha sido la evolución de las tipografías después de la invención de la computadora. Ah, y también para conocer la historia de la muy cómica pero nada graciosa, y muy popular, “Comic Sans”

El Transiberiano, 58

Las personas no están hechas para vivir en situaciones límite, las evitan o al menos intentan librarse de ellas lo más rápidamente posible. Y, sin embargo, uno se las encuentra en todas partes, en todas partes las ve uno y las siente.

Ryszard Kapuściński
El Imperio
PP. 30
Ed. Anagrama

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Les Reines Prochaines /// Wicked Games

Die nächstfolgenden Königinnen o en español, las siguientes reinas.
Esta es una increíble banda suiza conformada por puras mujeres y precisamente son las cuatro lindas y talentosas chicas allá arriba, no se dejen llevar por la fotografía, el talento está en las personas que menos podríamos imaginarnos. Esta es una versión de Wicked Games de Chris Isaak con un final buenísimo, increíble, notable, único… Escúchenlo.

Depeche Mode /// Enjoy The Silence (Devotional 1993)

Esta versión viene en el Tour Devotional de 1993 filmado por Anton Corbijn y es precisamente lo que lo hace una versión increíble. Es uno de los mejores conciertos de Depeche Mode, la escenografía, iluminación y espacio del escenario parecía una verdadera innovación para ser los ‘early 90’s’,  Dave Gahan tiene el cabello largo, la versión empieza distinto, además Martin Gore es fantástico en la guitarra y el solo de esta versión en vivo no es la excepción.

Enjoy Devotional.

Bulgarian Folk Tales: Stefan Kanchev

Estas postales tituladas Bulgarian Folks Tales forman parte del portafolio de trabajo del artista gráfico búlgaro Stefan Kanchev (1915-2001), quien fue nombrado en 1971 “Artista Nacional” por el Estado de Bulgaria.

Este es su sitio oficial para que exploren más acerca de su excelente trabajo. Les recomiendo darle un vistazo al trabajo de Logos que ha hecho, es único.

http://stefankanchev.com/

 

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